Estamos en rebajas, las más agresivas de hace mucho tiempo. Durante estos días vamos a sufrir todo tipo de estímulos promocionales que intentarán movernos hacia una compra casi compulsiva. Sin embargo, esto no es algo puntual, ya que la publicidad, las promociones y las acciones comerciales utilizan continuamente, y casi sin darnos cuenta, una serie de recursos que habitualmente funcionan. No suele ser publicidad con estilo, ni glamurosa, ni aparece en los anuarios creativos… pero cumple su papel perfectamente. Sin ánimo de ser rigurosos, vamos a desgranar algunos de los ases que se guardan en la manga las agencias de publicidad y los departamentos de marketing.
Poderoso caballero es don dinero
Coma noventa y nueve (sólo 199,99 €). El precio psicológico es la cantidad de dinero que los consumidores consideramos razonable pagar por un bien o servicio. Hay un momento en el que una vivienda, una consola o unos pantalones pasan de tener un precio adecuado a ingresar en el malévolo club de los productos “caros”. Por eso 199,99 € nos puede parecer el justiprecio, pero 200 € no. Y es que 199,99 € siguen siendo ciento y pico euros, pero no doscientos. ¿Un céntimo de euro hace que una cantidad pase a ser excesivamente elevada? Generalmente, sí.
Descuentos de hasta el 90%. Nos da igual lo que cueste algo, si está al 70% significa que está tirado de precio. Es curioso como mucha gente no pagaría 50 € por una camiseta de la marca “normalita tirando a buena” por parecerle demasiado cara, pero sí soltaría 59,99 € por otra de la marca ultra cool cuyo precio original fuera 200 euros. Vale que hay diferencias notables en las calidades y, sobre todo, en los diseños a la hora de elegir, pero, en igualdad de condiciones, siempre preferiremos el p
roducto de buena marca con un descuento increíble
(”vaya oportunidad”), que el producto de una marca menos notable a su precio real (”¿un poco caro para no ser de buena marca, ¿no?”).
Excedentes, precio de fábrica, restos de inventario, saldos. Cada uno tiene sus propias características, pero todos estos conceptos nos trasladan el mensaje típico de mercadillo de “lo estamos tirando, oiga”. Son utilizados por muchas empresas, pero las reinas son las cadenas
distribuidoras